Para mi septiembre tiene un olor especial. Bueno, todos los meses huelen a algo: Enero huele a plástico y a pelo de muñeca. Y abril huele a tierra mojada y a hierba recién cortada. Tambien huele a tarta de cumpleaños, porque yo nací en abril.
Junio huele a mar. Ahora vivo lejos de él y me huele a recuerdo y a nostalgia. Claro que también me huele a la ropa que se ha pasado todo el invierno en el armario. Creo que la nostalgia y la naftalina huelen igual.
Agosto huele a aburrimiento. Es un mes que odio. Y septiembre huele a libros nuevos y a papel de forro. A curso por empezar y a vida que se pone en marcha. Todavía hoy siento esa sensación cuando empieza
septiembre. Me lleno de energía y quiero hacer montones de cosas. Mis mejores propósitos me los hago en septiembre y no en Año Nuevo, como hace la mayoría de la gente.
Es por esto que me gusta tanto el olor a libro recién abierto. Me recuerda a cuando los forraba y estaba deseando que empezaran las clases para estrenarlos. En Marzo mi cartera ya no olía tan bién. Olía a pedacitos de goma, a virutas de lápiz y a suspensos. Cuando dibujo libros de texto, los libros con los que muchos de vosotros teneis que estudiar, algunos aprender a leer y algunos aprender a sumar, pienso en que tienen que ser muy divertidos para que os apetezca hacer vuestras tareas.
A veces lo consigo y otras no.












Micho
1992





Tamtam Mamut
1995






1996




1997

2000
Estos son algunos de los libros
que he hecho.
Sólo algunos, con los que me lo he pasado mejor, aunque todos me traen buenos recuerdos porque conocí gente estupenda con la que trabajé.

No puedo ponerlos todos pero cuando cojas tu libro, mira la primera página, a lo mejor lo he
dibujado yo.
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